Jóvenes que huyen de casa

Los jóvenes que huyen de casa no están perdidos ni han arruinado sus vidas, sólo están escapando de las presiones que sufren. La mayoría de jóvenes que huyen de su casa son niñas entre los 14 y los 17 años de edad, y al contrario de lo que muchos piensan, la mayoría de estas adolescentes provienen de familias completas y bien situadas. Así mismo, estadísticas indican que de los jóvenes que han huido de sus casas, sólo el 16% ha sido abusado física, emocional o sexualmente. Los jóvenes que sufren de abusos tienden a permanecer en sus casas porque les resulta más difícil tomar la decisión de romper con el ciclo de abusos.  
 
Por tanto, existen muchas otras razones por las cuales un/una joven huye de casa. Quizás lo importante es recapacitar como padres el tiempo que brindamos a nuestros hijos. En una época tan complicada, frases como "el trabajo me consume" o "vivo cansado o cansada" son comunes. Pasamos horas enteras trabajando, no alcanzamos a compartir comidas familiares, el resto del tiempo luchamos contra el tráfico y solo queda tiempo para llegar a casa y ver noticias. ¿Y nuestros hijos?  ¿la razón verdadera de nuestros sacrificios? Los niños, y mucho más los jóvenes requieren tiempo de calidad. Debemos enseñarles cómo enfrentar sus problemas en lugar de huir de ellos, incluso si sus problemas somos nosotros mismo.
 

Aunque muchas veces quisiéramos construir un muro alrededor de la casa, debemos dejar que ellos decidan si quieren quedarse o irse. Ellos deben saber que existe la posibilidad de irse de la casa, que las cerraduras están allí para dejar a los ladrones del lado de afuera no para encerrar a las personas que viven adentro. Si no lo hacen, potenciarán la necesidad de huir, porque los chicos huyen cuando se sienten encerrados.


Como padres, como adultos, debemos ser como una colchón para las caídas, una caja de consejos, herramientas que los jóvenes puedan usar para enfrentar el día a día pero no debemos ser ni cadenas ni candados. No queremos que se vayan y es imposible pensar en algo que podamos hacer para que huyan. Pero esto es algo que ellos deben saber porque nosotros se los decimos, de forma implícita por nuestros actos y de forma explícita por nuestras palabras. 

 

Si su hijo huye, lo primero que deben hacer es llamar inmediatamente a la policía, no esperen las 24 horas indicadas, hágalo al minuto que se ha dado cuenta de que es así.  Anote el nombre y apellido del policía que recepta su denuncia y un número de teléfono a donde pueda llamarlo.

Llamen a todos los amigos y amigas de su hijo/a y pidan su ayuda. En muchas ocasiones los amigos saben de la aventura ya planificada. Busquen en todos los lugares que su hijo/a suele frecuentar pero no dejen el teléfono desatendido. Es posible que su hijo/a llame.

 

Entren en el cuarto de su hijo y busquen por una pista que pueda decirles donde ha ido. Revisen su cuenta telefónica en busca de algún patrón, algún teléfono al que haya llamado en forma seguida en los últimos tiempos.

 

Cuando su hijo regresa, tómense su tiempo, no comiencen a hablar ni bien ha llegado. El nivel emocional de los dos se encuentra en un punto muy alto y en ese estado es muy factible que la conversación transite cualquier camino y se digan cosas que en realidad no se quieren decir. Vayan a cuartos distintos y deje que todos descansen por algunas horas. 

 

Luego pregúntele por qué se ha ido.  No hagan ninguna recriminación hasta obtener una respuesta a la pregunta. Es seguro que querrán imponer algún límite pero esperen hasta que su hijo haya terminado de decir todo lo que tiene para decir. Ya habrá tiempo para lo demás. 

 

Háganle saber cómo se sintió con su partida. Háganle saber sus temores y que se sintieron muy dolidos y preocupados. No teman hacer saber sus sentimientos. Y díganle que lo quieren si así lo sienten. No existe ningún problema que no puedan resolver si se abocan a ello. Él debe entender que, si alguna vez siente ganas de huir de la casa, existen otras opciones. Usted debe ser fuente de otras opciones que le permitan a su hijo tomar una mejor decisión. 

 

Si su hijo ya huido alguna otra vez y en ninguna ocasión han logrado hablar del tema, es necesario que busquen ayuda. Pídale a alguien adulto en quien su hijo confíe para que participe de la conversación, tal vez un tío o amigo de la familia. Si esto tampoco funciona piense en buscar ayuda profesional.

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